Tras la firma de los acuerdos de paz, la comunidad decidió dejar atrás las economías ilícitas para construir un futuro basado en la legalidad y el cuidado del entorno. El turismo comunitario se convirtió en su herramienta de reconciliación y progreso, permitiéndoles generar ingresos dignos, fortalecer el sentido de pertenencia y compartir con los visitantes la majestuosidad de su patrimonio natural y cultural, reafirmando así su compromiso con la paz y el desarrollo sostenible.